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Usando el incesto como un próspero negocio

Hubo un tiempo en que las webs porno eran un negocio redondo, sin duda alguna: un diseño sencillo, un menú claro y conciso, y unos cuantos videos y fotos de contenido sexual, y uno podía sacarse una pasta gansa con una página que resultaba económica de mantener y que cada vez tenía más usuarios. Esto se mantuvo así una temporada, incluso ocupaban los rankings de webs más visitadas en todos los buscadores. Hasta que la época de bonanza terminó.

Varios fueron los factores que intervinieron en esta caída en picado: el uso de mayores filtros de navegación, cambios en la forma de posicionamiento de los buscadores, legislaciones más agresivas con este tipo de webs... y también, por qué no decirlo, un contenido tan manido que ya cansaba a los visitantes. Poco se podía hacer con algunos de de estos factores adversos, pero con esto último era otra cuestión, y los webmasters, e incluso los productores de esta industria, se dieron cuenta de ello. Y echaron mano de algo que no muchos hubieran imaginado que funcionaría: los incestos, un tabú presente en la mayoría de sociedades, pero que sin embargo atraía a todo el mundo irremediablemente.

Al principio, fue un poco fuerte, la verdad. Es cierto que se empezó con algo más o menos suave, con orgías familiares cuyos integrantes no eran parientes de sangre, como por ejemplo cuñados, suegras, yernos... para que la cosa fuera más morbosa que otra cosa. Pero pronto el público pidió más, parecía que eso de que los protagonistas de los videos porno en realidad no fueran familia ni nada les importaba poco, porque ellos se montaban su propia película... Así que hubo que darles más.

incestos antiguos

Entonces, como parecía que el sexo lésbico admitía bastantes variaciones, empezaron a aparecer los primeros videos de hermanas xxx, que aunque no fueran en realidad lesbianas, sí que empezaban a explorarse los cuerpos a veces por pura curiosidad, aunque al final acababan con un buen revolcón. La aceptación fue buena, incluso entre las mujeres, y se vio un repunte de público femenino entre las webs porno; pero cuando tampoco esto fue suficientes, hubo que sacar artillería pesada.

Para ello, nada más que lo impensable, lo que nuestra sociedad no aceptaba más que como una degeneración: el sexo entre progenitores y descendientes. Así, cuando aparecieron las primeras escenas de padre e hija follando, la gente del porno no las tenía todas consigo, y muchos se preguntaban si no estarían cruzando los límite y arriesgándose con la censura, o directamente con el rechazo de los usuarios. Y no faltaron críticas ni comentarios despectivos, pero en el silencio de la mayoría de los cibernautas tuvieron la mejor respuesta: en la pornografía cabía todo, y la gente sabía distinguir la realidad de una fantasía vista en el cine. O lo que era lo mismo: a los usuarios les encantaba imaginar y creer relaciones incestuosas  entre los actores porno, pero eran capaces de separarlo de sus vidas reales, sin que tuviera ninguna incidencia sobre ellas.

Y en fin, la historia no quedó ahí, pero poco a poco fue haciéndose muy común ver videos porno con temática familiar, donde parientes más o menos cercanos tenían sexo entre ellos sin pudor. Luego esto también se fue haciendo cada vez más normal para el público, y pasado un tiempo la novedad pasó y la gente del porno tuvo que buscar otras formas de atraer al público, introduciendo nuevos factores que podríamos analizar otro día. Pero sin duda, es un buen ejemplo de cómo una industria tiene que adaptarse al mercado, y buscar soluciones en los lugares más insospechados.